"Tic-toc... Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...". Hipnotizada, no notaba lo inconstante del golpeteo, ni tampoco los fúnebres retratos que el pasillo tenía colgados en sus paredes. Ninguno de ellos mostraba alguna persona mayor de 13 años y cada una portaba en el rostro la más lastimosa mueca de dolor y desesperación que alguien haya visto jamás, a tal punto de deformar completamente sus rostros. Todos tenían el mismo color de fondo: negro, pero no era cualquier negro, era la penumbra, la vacuidad misma, que debilita, absorbe y devora cada hálito de vida que poseas.
140, 141, 142 pasos, e iba a la mitad, suficiente distancia para ver el enorme portón de madera al que se dirigía,"Tic-toc... Tic-toc...", otra centena de pasos y se encontró justo frente a él. Sujetó la curiosa aldaba con forma de algún indefinido rostro o quizas la representación de alguna quimera que perturbaba los sueños de aquél que la elaboró. La levantó y golpeó lo más fuerte que pudo: "Clan, Clan, Clan", retumbó por todo el lugar, pasando por lo menos 2 segundos para que se abriera el pequeño postigo, dejando ver el interior de la habitación. La pequeña se asomó, encontrando en el interior nada más que un viejo reloj de piso, de cuyo zigzagueante péndulo provenía aquél extraño sonido, o al menos eso parecía. La puerta se abrió lentamente, si la habitación hubiera contenido más cosas, la luz que entraba desde el pasillo habría sido suficiente para verlas todas, pero a excepción del gran reloj, se encontraba vacía.
"Tic-toc... Tic-toc..." Acercándose lentamente al fondo de la habitación, colocó sus pequeñas manos en un extremo del reloj para poder abrirlo, cuando lo hizo, fue tragada de inmediato por una horrenda creatura de pálida piel, con forma aparentemente humanoide pero con muñones en lugar de dedos, carente de ojos, nariz y oídos, sólo una inmensa boca formando una perturbante mueca y con la cabeza bastante descomunal para el largo y delgadísimo cuerpo que poseía.
La niña aún estaba consciente, pero no se encontraba en lo que debiera ser el interior del engendro que la engulló, más bien flotaba, en una penumbra inmensa. De pronto, fue sintiendo poco a poco cómo un inexplicable sentimiento de pánico se apoderaba de ella, sentía la cabeza a punto de estallar, gritaba y gritaba como para haber desgarrado completamente sus cuerdas bucales, pero de su garganta no salía absolutamente nada. Se retorcía intentando desesperadamente caer y tocar fondo, llegar a otro lugar o despertar, en dado caso de que fuera una pesadilla. Sentía que su piel era carcomida lenta y dolorosamente, como si la sumergieran en ácido, aunque realmente hubiera preferido eso. "Tic-toc... Tic-Toc...TIc-Toc...TIC-TOc... TIC-TOC, TIC-TOC TICTOC..." se escuchaba una y otra vez, cada vez más fuerte, cada vez más cerca, cada vez más rápido, cada vez más insoportable: TIC TOC TICTOCTICTOCTICTOCTICTOC!!...
Había encontrado los horrores del tiempo,aquellos que han atormentado a la raza humana desde sus inicios, la ignorancia, la necesidad, el hambre, la enfermedad, el miedo, el odio y la muerte ...
Mientras tanto, un niño caminaba a lo largo del extenso pasillo, siguiendo el insesante pulso de lo que parecía ser un reloj.
"Tic-toc... Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...Tic-toc...".
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